Roda de Isábena, en un paraje de excepcional belleza brilla uno de los monumentos más bellos y excepcionales del románico aragonés.

Si busca ser trasladado hacia épocas remotas, ser sumergido y atrapado entre el espacio y el tiempo que flanquean el medievo, este es uno de los destinos que no podrá perderse.

Elevada sobre un promontorio rocoso desde el que contemplar todo el valle,  convirtiéndose en puerta de entrada al mismo, esta pequeña población le robará por unos momentos el control sobre su boca, que se abrirá hasta su tope, ya que Roda de Isábena guarda y conserva con mimo un callejero y un caserío que rezuman historia, tiempo y misterio.

Gracias a la cuidadosa restauración realizada hace unos años se han recuperado lienzos de muralla y fachadas que antes se hallaban enmascaradas, ocultando su encanto y belleza.

Como quizá habrá podido leer en otras guías, virtuales o escritas, Roda de Isábena presume de ser la localidad más pequeña de España que cuenta con una catedral, presidiendo un casco histórico pleno de calles estrechas, empinadas y resguardadas por sus pasos abovedados.

Merece la pena detenerse por unos instantes en este noble edificio religioso, ya que su historia es accidentada y crucial para la comarca de la Ribagorza, y para la historia de la Corona de Aragón.

Su ubicación, cual atalaya defensiva, nos da las claves del momento histórico y de las funciones del templo en sus orígenes. Desde este lugar sus ocupantes cristianos podían gozar de un privilegiado mirador sobre la taifa de Zaragoza, ansiado objetivo de los reyes aragoneses.

Su historia comienza en 957, momento de la consagración de la primera iglesia. Pero lamentablemente las incursiones musulmanas arrasaron con él, comenzando de nuevo las obras bajo las normas del primer románico lombardo, tan característico de la Ribagorza. Esta segunda catedral se consagra en 1030. De esta época datan las criptas y la cabecera de triple ábside. Su famoso y espléndido claustro, en el que destaca la serie epígrafes sepulcrales, data del segundo tercio del siglo XII, pleno románico, al igual que la sala capitular y el refectorio, hoy convertido en Hospedería.

Pero su historia estilística no acaba aquí, ya que su portada d